El 16 de noviembre de 1519 fue fundada la Villa de San Cristóbal de La Habana Su nombre nace de la fusión del nombre del santo escogido para bautizarla y del nombre por el cual se le conoció en sus primeros asentamientos, ya que el nombre Habana proviene de un poderoso cacique de la zona llamado Habaguanex. Esta hipótesis está considerada la más veraz y más lógica sobre el origen del vocablo que da nombre a nuestra capital, porque existen otras como que este proviene de una corrupción de la palabra haitiana “sabana”, la extensión de tierra como la conocemos, y otra tesis plantea que viene de haven o gaven que significa puerto o fondeadero.

La verdad absoluta sobre la razón para su nominación está perdida en el tiempo y la Villa de San Cristóbal de La Habana continua siendo hoy una hermosa ciudad a las puertas del Caribe cargada de una historia inigualable entre sus palacios, mansiones coloniales, plazas, calles adoquinadas, iglesias, antiguas fortalezas y viejos muros.

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Edificaciones de la Habana Vieja

Caballero de Paris


Puerto dorado para quienes le seguían los pasos a la fortuna, La Habana de ensortijados helechos en los balcones, pleno siglo XX andando sobre ruedas, seguía seduciendo con sus palacios coloniales, viejas fortalezas y la imponente herrería de Oggún que regodea los vitrales, otorgando singular encanto a esos ventanales abiertos a las brisas del Caribe.

Dueña de cuanto corazón intentara desafiarla, La Habana le arrebató la cordura a Manuel López Lledín, un español que la vio como la bien amada de su natal Fonsagrada. Y reverenciándola, se quitó el sombrero para proclamarse distinguido Caballero de París, el más alto representante de la noble demencia y eterno caminante de sus calles.

Este muy criollo Quijote, vagó durante varias décadas por los arrabales de la histórica ciudad de las columnas. Armado de su ancha y negra capa de cortesano, una melena revuelta y muchos otros extravagantes atributos, que nunca fueron motivo de burla para los habitantes de la urbe cosmopolita. Proveniente de Galicia, este hidalgo improvisado ancló su destino en La Habana buscando mejor suerte, y trabajó como camarero en los hoteles Telégrafo, Sevilla y Manhattan.

Aquejado por una chifladura, que aún se discrepan los orígenes entre el amor imposible abandonado en España o una injusta encarcelación por un robo que nunca cometió, López Lledín desandó las anchas avenidas y oscuros callejones cautivando a todos con simpáticas epopeyas, títulos de nobleza y un vasto conocimiento sobre cortes de reyes, caballeros y princesas que lo apartaron de la realidad para sumirlo en un mundo onírico donde solo era feliz.

Su gracia de andarín y hombre respetable, inspiró a varios artistas que recrearon su figura a través de la música, las artes plásticas y las escénicas, convirtiéndose en obligada referencia cuando de celebridad se hable en la ciudad de las columnas.

El ocaso de su vida lo encontró a los 95 años, atendido como lo que siempre fue: un Caballero, en el emblemático Hospital Psiquiátrico de la Habana, donde es recordado por el psiquiatra Luis Calzadilla Fierro como su más extraordinario paciente. Un sencillo monumento con la fiel interpretación que le hiciera el escultor José Villa Soberón, recrea al afamado personaje paseándose por el frente de la Basílica de San Francisco de Asís, donde descansan sus restos, inmortalizado por la población capitalina que no ha olvidado al último Caballero andante de La Habana.

Quinta Avenida, miramar

Boulevard de la calle Obispo

Paseo del Prado

Callejón de Hamel


En el centro de la Habana se encuentra el barrio de Cayo Hueso, uno de los más populares de la ciudad, muy visitado gracias al famoso Callejón de Hamel, donde las casas en su totalidad están decoradas con murales artísticos y donde se encuentra el primer mural en la vía pública dedicado a la cultura afrocubana.

La singularidad de este sitio comenzó en 1990, cuando Salvador González Escalona (pintor, escultor y muralista cubano) se detuvo frente a la deteriorada fachada de la casa de un amigo y decidió comenzar a cambiarle el rostro al barrio.

Poco a poco fue pintando imágenes que cubrían toda la altura y el ancho de cada casa, los edificios y hasta los tanques de agua, que de manera que parecen imbricados en un continuo de figuras que remiten a las religiones afrocubanas.

Es conocido que el objetivo principal del Callejón de Hamel es brindar arte creador al pueblo, revitalizando esta callejuela olvidada por el tiempo y por la ciudad, convirtiéndola en una verdadera Galería de Arte, donde el propio barrio forma parte indisoluble de una creación única en su género, en el país y en el mundo.

Hay predominio de los colores vivos como el rojo, y las formas de estilo cubista, surrealista y expresionista. En el Callejón sorprende todo, las pinturas de los edificios de vecinos de hasta 4 plantas, con las paredes multicolores, los bancos para sentarse fabricados con materiales en desuso que se reciclan y otros elementos muy originales e irrepetibles.

A Salvador no le asusta que lo cataloguen de kitsch y sueña con extender la obra por todo el barrio hasta convertir a Cayo Hueso en un templo de la cultura negra rica por su variedad y colorido.

El Callejón debe su nombre a uno de sus primeros pobladores, el señor Fernando Belleau Hamel, un norteamericano de origen franco-alemán sumado a la historia de Cuba cuando el barrio puso su nombre al Callejón, debido a su generosidad con los vecinos y con los trabajadores de su negocio.

Desde su fundación como sitio cultural, en el Callejón de Hamel se han realizado espectáculos y actuaciones con importantes agrupaciones y figuras destacadas como: Merceditas Valdés, Celeste Mendoza, Yoruba Andabo, Clave y Guaguancó y muchas otras.

Para nadie es una novedad que en Cuba bailan hasta las piedras. Quien desee disfrutar del baile espontáneo, masivo y callejero que tanto nos gusta, puede llegar al Callejón de Hamel un domingo por la tarde, donde se dan cita varios centenares de habaneros. Para llegar nos sirve de guía el rumor de una ensordecedora percusión o melodiosas canciones, entonces descubrimos una especie de fiesta a cielo abierto llena de espectadores y donde todo el mundo baila. Todo se vuelve resonar de tambores, movimientos sensuales de los cuerpos y sin importar la edad, los presentes disfrutan a la vez que amplían su horizonte cultural.
El Callejón de Hamel, es una callejuela estrecha entre las calles Aramburu y Hospital, muy cerca de la Iglesia del Carmen, no lejos del Hotel Nacional y del malecón. Es también este singular sitio la cuna del movimiento musical cubano llamado filin.

El Callejón de Hamel es algo más que baile y murales, es un proyecto de arte en la comunidad, donde los más pequeños del barrio se inician en el arte pictórico y los de la tercera edad disfrutan de la música de su época con la interpretación de sones, boleros, danzones.
En una de las coloridas paredes Salvador plasmó un poema, dedicado a nuestra raíz africana, que nadie olvida luego de detenerse a leerlo:
"Y vinieron con cantos que nadie conocía.
Cruzaron el mar con peces de madera.

Trajeron un secreto cubierto de sangre y tierra.
Cantaron, lloraron, plantaron…"

Calzada del cerro

Caminando por el casco histórico de la ciudad

Calle de la Habana vieja